Trastorno Límite de la Personalidad


16 Oct
16Oct


Por Josselyn Maya


¿Qué es?


El trastorno límite de la personalidad (TLP) es un tipo de trastorno de la personalidad que presenta como características comunes la inestabilidad en las relaciones interpersonales, la autoimagen y la afectividad, acompañadas de una gran impulsividad. Este trastorno se puede diagnosticar utilizando el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, DSM 5, este trastorno se localiza en los trastornos de la personalidad del grupo B. El primer autor que se desarrollara es Otto Kernberg ya que, desarrollo, desde el punto de vista dinámico, la conceptualización del síndrome que denominó organización límite de la personalidad (OLP), caracterizado por tres elementos: la difusión de identidad, el predominio de mecanismos de defensa primitivos y una prueba de realidad conservada aunque con ciertos aspectos finos reducidos, en particular, en situaciones de estrés. Los dos primeros aspectos distinguen este tipo de organización de la estructura neurótica de la personalidad y la prueba de realidad conservada la diferencia de la organización de tipo psicótico. La teoría de las relaciones objetales, dice que hay 3 tipos de personalidades, estas a su vez tienen tres criterios diferenciales.

Se define trastorno de la personalidad al conjunto de rasgos, y características definitivas de la actitud y la conducta, de un individuo y que por obra de una permanente interrelación de factores biopsicosociales, determinan una relación distorsionada de tal individuo, con la realidad social e interpersonal, en la que el actúa.


La historia del término se remonta hasta el año 1884. En aquel momento, el psiquiatra británico C H. Hughes hablaba de un "campo fronterizo" en las enfermedades psicológicas. Este término se popularizó en un breve plazo como "borderline". En aquel momento describía a pacientes con diferentes cuadros sintomáticos, que no podían ser asignados con seguridad dentro de las tablas de neurosis ni en el espectro psicótico. Fue ya en el año 1938 cuando se utilizó por primera vez el término "borderline" por Adolf Stern dentro del mundo profesional para describir un grupo de pacientes externos que no obtenían provecho del psicoanálisis clásico y que no encajaban en las categorías estándar de "neurótico" o "psicótico". La psicopatología en este tiempo estaba conceptualizada como un continuo: "normal" - "neurótico" - "psicótico". Durante algunos años el término fue usado de forma coloquial por los psicoanalistas para describir pacientes que, aun teniendo serios problemas de funcionamiento, no entraban dentro de las categorías diagnósticas y eran difíciles de tratar con los métodos analíticos convencionales.


Dentro del modelo psicoanalítico, Kernberg  (1975) en el marco de la teoría conocida como "relaciones objetales" tuvo mucha importancia en el camino hacia la conceptualización al principio señalada. Como resultado de sus estudios, se fue hablando cada vez más de una "estructura de personalidad borderline" como algo estable y diferenciable, tanto de la neurosis (por la especial combinación y fluctuación de síntomas) como de la psicosis (episodios menos intensos y más cortos ligados a factores estresantes, mantenimiento del contacto con la realidad), estructura que, por tanto, iba adquiriendo identidad propia. En tanto, El TLP aún no aparecía en el DSM-II. En un célebre trabajo de Gunderson y Singer se establecieron finalmente cuatro criterios diagnósticos operativos que luego fueron el núcleo de lo que se estableció en 1980 en el DSM-III y en 1994 aparece en la clasificación CIE como trastorno de personalidad inestable.

¿Cómo se diagnostica?


DSM 5

Criterios Diagnóstico:

Patrón dominante de inestabilidad de las relaciones interpersonales, de la autoimagen y de los afectos, e impulsividad intensa que comienza en las primeras etapas de la edad adulta y está presente en diversos contextos y que se manifiesta por cinco (o más) de los siguientes síntomas:

  1. Esfuerzos desesperados para evitar el desamparo real o imaginado. (Nota: No incluir el comportamiento suicida ni las conductas auto-lesivas que figuran en el criterio 5.)
  2. Patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas que se caracteriza por una alternancia entre los extremos de idealización y de devaluación.
  3. Alteración de la identidad: inestabilidad intensa y persistente de la autoimagen y del sentido del yo.
  4. Impulsividad en dos o más áreas que son potencialmente auto lesivas (p. ej., gastos, sexo, drogas, conducción temeraria, atracones alimentarios). (Nota: No incluir el comportamiento suicida ni de automutilación que figuran en el criterio 5.)
  5. Comportamiento, actitud o amenazas recurrentes de suicidio, o comportamiento de automutilación.
  6. Inestabilidad afectiva debida a una reactividad notable del estado de ánimo, (p. ej., episodios intensos de disforia, irritabilidad o ansiedad que generalmente duran unas horas y, rara vez, más de unos días).
  7. Sensación crónica de vacío.
  8. Enfado inapropiado e intenso, o dificultad para controlar la ira (p. ej., exhibición frecuente de genio, enfado constante, peleas físicas recurrentes).
  9. Ideas paranoides transitorias relacionadas con el estrés o síntomas disociativos graves.



Psicoanálisis:

Kernberg propuso una clasificación basada en criterios psico estructurales, colocando en el grado más alto la organización neurótica de la personalidad (personalidades histérica, obsesivo-compulsiva y depresivo-masoquista), un grado intermedio (personalidades narcisistas de mejor funcionamiento, algunas personalidades infantiles y pasivo-agresivas) y un grado inferior u organización límite de la personalidad. Lo denomina organización fronteriza de la personalidad para diferenciarlo de estados fluctuantes o transitorios que oscilan entre la neurosis y la psicosis. Se trataría, por lo tanto, de una organización patológica de la personalidad específica y estable.

Los pacientes desarrollan en momentos de tensión emocional intensa, estados similares a los de psicosis y en el vínculo transferencial se pierde la distinción de límites entre analizado y analista. El estudio de este trastorno puede ser realizado en tres niveles diferentes: uno descriptivo de las características clínicas del trastorno, el segundo en forma estructural que tome en cuenta el estado del yo y el tipo de mecanismos de defensa predominante y por último un nivel genético dinámico que sitúa esta patología dentro de su contexto evolutivo.

Por lo que el trastorno límite de la personalidad se caracteriza por la presencia de dos o más de los siguientes síntomas:

  1. Ansiedad difusa flotante y crónica.
  2. Neurosis polisintomática que se expresa en la presencia de elementos fóbicos, obsesivo-compulsivo, histéricos, hipocondríacos frecuentemente combinados.
  3. Tendencias sexuales perversas caóticas y múltiples estos pacientes pueden manifestar la presencia de formas cambiantes de perversión sexual ya sea sadomasoquismo actuaciones homosexuales etc. ya que quedan expresamente excluidos aquellos sujetos con cuantas perversas estables cómo sería una relación homosexual única de varios años de duración.
  4. Estructuras de la personalidad de tipo esquizoide, paranoide, ciclotímico o hipomaniaco.
  5. Desórdenes caracterológicos de nivel inferior. Ya que estos pacientes han internalizado las relaciones objetales, probablemente integradas de tal manera que perciben a sus objetos como enteramente buenos o por el contrario enteramente malos, para mantener este mundo interno fluctuante recurren a mecanismos de defensa primitivos como son la escisión, la identificación proyectiva, la negación, la omnipotencia y la idealización primitiva. Gracias a estos mecanismos de defensa los objetos internalizados buenos son mantenidos separados de los malos lo que permite controlar la intensa ansiedad y depresión.

Diagnóstico Diferencial


  • Trastornos depresivos y bipolares: El trastorno límite de la personalidad, a veces co-ocurre con los trastornos depresivos o bipolares, los dos criterios pueden ser diagnosticado. Este también puede ser imitado por la presencia de un episodio depresivo o bipolar.

  • Otros trastornos de personalidad: Otros trastornos de personalidad pueden ser confundidos con el trastorno límite, porque tienen ciertas características en común. Sin embargo, es importante diferenciar las características principales para este trastorno. Si un individuo tiene más de una característica para uno o más de los trastornos de personalidad, todos se pueden diagnosticar. Aunque el trastorno histriónico de la personalidad, puede ser caracterizado por la búsqueda de atención, comportamiento manipulativo, y un cambio rápido de emociones, el trastorno límite de la personalidad se distingue por, autodestrucción, interrupciones con enojo en sus relaciones y sentimientos crónicos de vacío y soledad. Ideas paranoicas e ilusiones pueden tener presencia en trastornos de personalidad límite y en el trastorno de personalidad esquizotípica, pero estos síntomas son más transitorios, interpersonalmente reactivos y responsables a la estructura externa del trastorno límite de la personalidad. También el trastorno paranoide y el narcisista de la personalidad, pueden ser caracterizados por una menor reacción de enojo ante cualquier estímulo, inestabilidad en la autoimagen, impulsividad, sentimientos de abandono, estos se distinguen del trastorno límite de la personalidad.

  • Cambio de personalidad debido a un condición médica: El trastorno límite de la personalidad  puede ser diferenciado de algún cambio de personalidad debido a una condición médica, en la cual los tratos que emergen son atribuidos a los efectos de otra condición médica del sistema nervioso central.

  • Trastornos por abuso de sustancias: Se debe diferenciar del trastorno límite de la personalidad, por los síntomas que se desarrollan en la asociación persistente del uso de sustancias.

  • Problemas identidad: Se debe distinguir de este, ya que está relacionado a problemas de identidad relacionados a la fase de desarrollo como la adolescencia y no califica como un trastorno mental.


Prevalencia

  • La prevalencia para la población del trastorno de la personalidad limite puede ser de 1.6% pero su incremento puede ser de 5.9%. La prevalencia de este trastorno en fase de cuidados primarios es de 6%, cerca de un 10% de los individuos en alguna clínica de trastornos mentales lo padecen, y cerca del 20% se presenta en pacientes psiquiátricos. La prevalencia en este trastorno puede decaer en los grupos de personas mayores.

Etiología

Oficial:

Las causas del TLP son complejas e indefinidas, y actualmente no se dispone de ningún modelo que haya podido integrar toda la evidencia disponible. 

La etiología: vulnerabilidad genética; alteración de los neurotransmisores y disfunción neurobiológica de la regulación emocional y el estrés; factores psicosociales; y desorganización de aspectos del sistema conductual afiliativo, concretamente, del proceso de apego. Dichos apartados se recogen a continuación de forma resumida. El conocimiento del que disponemos hoy en día en relación a los determinantes etiológicos del TLP es polémico ya que no existen datos suficientes que avalen la contribución de cada uno de ellos en la aparición del trastorno.

Vulnerabilidad Genética:

Estudios en gemelos sugieren que el factor de heredabilidad del TLP es de 0,69, es decir, que la influencia genética en el TLP es del 69%. Aún así es probable que los rasgos asociados a la agresión impulsiva y a la desregulación del estado de ánimo, y no tanto el propio trastorno límite de la personalidad, sean hereditarios. La evidencia actual sugiere que la influencia genética en los trastornos de la personalidad en general, no concretamente en el TLP, actúa a nivel tanto individual como en asociación a factores ambientales anómalos.

 

Factores Psicosociales:

En estudios de familias se han identificado varios factores que pueden ser importantes en la aparición del TLP como, por ejemplo, la presencia de antecedentes de trastornos del estado de ánimo y abuso de sustancias en otros familiares. La evidencia reciente también sugiere que la negligencia así como, la falta de implicación emocional, por parte de los cuidadores, tienen repercusiones y pueden contribuir a las dificultades de socialización del niño y, tal vez, al riesgo de suicidio. En un mismo contexto familiar pueden producirse abusos físicos, sexuales y emocionales de forma concurrente. La incidencia de estos malos tratos es muy alta en las personas con este trastorno

Psicoanálisis:

Hipótesis Etiopatogénica:


La mente humana se estructura a partir de la internalización, de los objetos importantes en la vida del bebé. Junto con la imago del objeto se introyecta el estado afectivo que caracterizó al vínculo. El bebé disocia los impulsos agresivos y libidinales, y los objetos externos se perciben como parciales, por lo que estas internalización mantienen un “estado yoico” por lo que la mente humana mantiene diversos “estados yoicos”, en estos se puede identificar un objeto, un tipo de vínculo y afecto predominante (Bleichmar, 2011).

Durante el desarrollo estos estado yoicos van logrando una integración. Los pacientes fronterizos a través de su conducta y de sus fantasías, hacen que la disociación primitiva este aún vigente en su mente, esto se debe a, Kernberg sigue las ideas de Klein sobre el sadismo oral y la pareja combinada de los padres, es posible que la historia de los pacientes con este trastorno tenga experiencias de frustración extrema e intensa agresión (secundaria o primaria) en los primeros años de la vida. Esto debido a que la excesiva agresión, sobre todo la oral, se proyecta y esto provoca una distorsión paranoide de las tempranas imágenes parentales, en especial las de la madre. Las agresiones pueden ser, sádico orales y sádico anales, por esto la madre es vista como potencialmente peligrosa y el odio que se tiene hacia esta, se hace extensivo de forma que ambos padres son vistos como un “grupo unido”  por lo que tienden a producir en ambos sexos una imagen peligrosa combinada de padre y madre, como resultado de la cual todas las relaciones sexuales son vistas después como peligrosas e infiltradas de agresión. Es decir, la intensa agresión oral de estos pacientes condiciona una percepción distorsionada de las imágenes parentales. Los padres son sentidos como peligrosos y vengativos y la salida posible es una “huida” hacia la genitalidad. Las representaciones intrapsíquicas de los padres están cargadas de odio y temor, por lo que deben mantenerse de forma disociada. Aquí es donde se originan los mecanismos de escisión, los objetos totalmente buenos y los totalmente malos, son proyectados construyéndose así representaciones persecutorias e idealizadas. Estos procesos explican la incapacidad de estos pacientes para establecer vínculos realistas y empáticos con los demás. Esto permite comprender la manifestación, en ocasiones distorsionada, de los impulsos genitales y pregenitales, pues están generalmente infiltrados de agresión (Bleichmar, 2011).

 

Proceso Terapéutico

Para el proceso terapéutico hay que hacer una elaboración sistemática de la transferencia negativa manifiesta y latente, sin intentar la total reconstrucción genética de sus motivaciones, seguida de la desviación de la transferencia negativa manifiesta fuera de la intervención terapéutica, mediante el sistemático examen de aquella en las relaciones del paciente con los demás (Bleichmar, 2011).

De aquí tenemos dos puntos cruciales la interpretación de la transferencia negativa y la no utilización de las construcciones genéticas, si se recuerda la descripción del tipo de vínculo que este tipo de paciente suele establecer estas indicaciones resultarán fáciles de comprender ya que este paciente vive la relación con su terapeuta como si se tratara, literalmente de la que no tuvo con algunos de sus objetos primitivos. 

Con el análisis de la transferencia negativa se busca proteger el tratamiento ya que si el analista no logra discutir con el paciente estos impulsos agresivos, las intensas proyecciones tarde o temprano conducirán abandonar al analista, ya que éste se transformó en una imagen terrorífica. En algunos casos se puede notar que el paciente se siente gratificado con expresión de sus impulsos agresivos lo que constituye otro argumento adicional a la necesidad de interpretación de la transferencia negativa (Bleichmar, 2011).

También conviene señalar que interpretar las maniobras defensivas primitivas como son: la escisión, idealización primitiva, identificación proyectiva etc, ya que esta actitud ayuda al paciente a integrar sus objetos internos y permitir la construcción de un objeto total (Bleichmar, 2011).

La situación terapéutica deberá estructurarse de manera tal que se controlen las actuaciones del paciente esto se logra poniendo límites a la agresión, en el preciso momento en que se comienza la terapia se le advertirá que no se le permitirá ningún tipo de agresión física contra el terapeuta o contra los adjetivos del consultorio y que deberá hacer lo posible por controlar sus impulsos y expresar sus sentimientos de manera verbal, incluso se puede plantear la posibilidad de hospitalización en caso de que el paciente tenga dificultades para cumplir con  estas indicaciones. La hospitalización también puede estar indicada cuando la capacidad actual del paciente pueda poner en peligro su vida o lo lleve a cometer actos penados por la ley (Hartmann, 1964).

Ya que el objetivo principal es la integración de los estados yoicos, disociados y el método elegido es la interpretación sistemática de las defensas primitivas que mantienen la disociación, el terapeuta deberá hacer un abordaje selectivo de aquellos aspectos de la transferencia y de la vida del paciente en los que se ponen de manifiesto sus defensas patológicas.

La transferencia positiva será utilizada para permitir el avance del tratamiento, está solo seré interpretada, cuando su sustrato este dado por defensas primitivas, como sería el caso de la idealización (Kernberg, 1975).

Establecimiento y encuadre:

Al inicio de tratamiento se deberá pactarse con el paciente ciertas reglas básicas que deben estar establecidas ya que facilitarán la labor interpretativa y sentarán las bases para decidir una posible hospitalización en caso de que se produzca una descomposición psicótica, Kernberg sugiere que convenir con el paciente que este no deberá gritar en las sesiones Sino que éste deberá intentar verbalizar lo que piensa. Es decir el paciente se comprometerá a verbalizar sus impulsos tanto dentro como fuera de la sesión en lugar de actuarlos y en caso de no poder lograr este control se aceptará el hospitalización (Kernberg, 1975).

Las fases iniciales de tratamiento de estos pacientes pueden ofrecer algunas dificultades algunas son:

  • Retención consciente de material, las causas para esta actitud son múltiples pero entre las más frecuentes se puede encontrar la desvalorización del terapeuta por lo que conviene tener en cuenta que el paciente puede proyectar en el terapeuta su propia intención y consecutivamente sentiste convencido de que su analista miente u oculta algo que puede ser importante para el.
  • Permanente desvalorización de todo ayuda humana recibida, este problema es mucho más frecuente en personalidades narcisistas la causa inconsciente puede estar en un intenso sentimiento de envidia hacia las fuentes de ayuda.
  • Crónica sensación de "sinsentido" en la interacción terapéutica.
  • Graves actuaciones externas al análisis (acting out), son muy frecuentes en este tipo de pacientes y forman parte de un intento de disociar la transferencia.
  • Es frecuente que los pacientes que muchas veces ya han pasado por más de una experiencia terapéutica, utilizan los conocimientos adquiridos en análisis previos, a manera de racionalizaciones, el terapeuta puede darse cuenta a través de la contratransferencia: es tan frecuentemente hace que se perciba el material como poco auténtico.
  • Las reacciones ante la separación por las vacaciones o incluso en el fin de semana son muy intensas, éstas se acompañan con frecuencia de actuaciones o ansiedad de hecho, la ausencia total de ansiedad ante la separación del analista es de muy mal pronóstico.
  • Cuando por algún motivo, el paciente inicia su tratamiento hospitalizado, las relaciones del analista con el equipo de profesionales que atienden del paciente son con frecuencia muy difíciles si bien el terapeuta tiene que mantener un contacto estrecho con el equipo de médicos y enfermeras de la sala, deberé decirle al paciente todo lo que informe sobre el, en el caso de que el equipo hospitalarios solicitará algún tipo de información respecto del paciente deberá consultarse con este antes de proporcionarla (Bleichmar, 2011).


Evaluación


Meza (2007) sugiere las siguientes indicaciones al momento de evaluar y tratar a pacientes clasificados en trastorno límite de la personalidad:

  • Evaluar y tratar todo lo relacionado con el suicidio en todas sus formas (ideación, amenaza, gesto, e intento);
  • Abordar con prontitud cualquier intento de abandonar el tratamiento
  • Tratar la sintomatología en curso (angustia, disociación, bulimia, depresión, hipomanía, consumo de sustancias)
  • Permanecer alerta ante cualquier signo de ocultación, falsificación, y tendencias antisociales por parte del paciente
  • Identificar aquellos rasgos de personalidad que pueden causar problemas en el trabajo o en las relaciones interpersonales  (hostilidad, agresividad, amargura, celos, manipulación)
  • Identificar los rasgos menos perturbadores para las personas que lo rodean y que son más problemáticos para el paciente (timidez, masoquismo, servilismo, falta de autoafirmación)
  • Elaborar un proyecto de vida con objetivos reales tanto laborales, académicos, o interpersonales, a largo plazo.
  • Abordar la idoneidad de la selección de parejas y las actitudes hacia los miembros de la familia.
  • Respecto al tratamiento farmacológico Zanarini (2004, citado en Meza, 2007) indica que la prescripción para el TLP debiese ser flexible pues el error más común es el de indicar ansiolíticos, estabilizadores del estado de animo, antidepresivos y antipsicóticos, sumando a la antigua medicación la nueva, y nunca sustituyendo o revisando el esquema completo. Según este autor, se debe permitir la suspensión del fármaco que no sea necesario y disminuir las dosis cuando la sintomatología decrece. Guías clínicas actuales presentan sugerencias respecto al uso moderado y de corto plazo de esquemas farmacológicos, evitando definitivamente la utilización de benzodiacepinas en el manejo de crisis agudas o síntomas crónicos (APA, 2010; NICE, 2013).


Prevención

A pesar de que en algunos casos de trastorno límite de la personalidad existe un claro componente genético que determina alteraciones neuronales de procesamiento de información principalmente de tipo emocional y de control de los impulsos, en la mayoría de las ocasiones esta afección se produce debido a una influencia ambiental, sobre todo de la familia, ya sea porque ésta presenta características desestructuradas o porque se han producido abusos que marcan a la persona y la hacen madurar de forma inadecuada; es por ello que para prevenir la aparición del trastorno límite de la personalidad es importante:

  • Mantener en la medida de lo posible una relación de pareja saludable, en donde los hijos puedan crecer en un ambiente sin problemas, y sin ejemplos inadecuados de violencia o abusos de sustancias.
  • Evitar utilizar a los hijos como chivo expiatorio o para chantajear a la pareja cuando hay desavenencias conyugales o en el caso de disolución de las relaciones, ya sea por separación o divorcio.
  • Estar atento a los primeros casos de accesos de ira, comportamiento auto lesivo o intento de suicidio, ya que estas conductas son lo suficientemente graves para pedir ayuda profesional sin que se precise de otros síntomas.
  • Enseñar a valorarse a sí mismo y a sus opiniones, resaltando las diferencias individuales y la idiosincrasia de cada uno, evitando las comparaciones, ni idealizar a otros como “modelos” de vida.
  • Permitir que tu hijo se equivoque, dándole la oportunidad de aprender de sus errores, a la vez que se le reconforta y escuchan sus sentimientos, como modo de expresar de forma sana su frustración.
  • Observar el desempeño académico para comprobar si está por debajo de la media de clase, para poner cuanto antes remedio, pues si no puede afectar negativamente a su autoimagen.


Caso Clínico

Mujer de 21 años de edad, soltera y de clase económica media. Llega a consulta por problemas con el alcohol, conflictos severos con su madre e identidad sexual. A. reportó que de niña fue maltratada por su madre y que la dejaba sola en casa por mucho tiempo. A los 15 años se fue a vivir con su padre el cual era alcohólico e incapaz de cuidarla en forma adecuada. Presentó trastorno por déficit de atención  en la infancia y nunca fue tratada. Era una joven que había dejado incompletos sus estudios de teatro y no trabajaba. En el momento de la evaluación inicial hacía grandes esfuerzos para evitar el abandono de una novia a quien seguía constantemente, le hablaba insistentemente por teléfono y la esperaba afuera de su trabajo. Sus relaciones interpersonales eran intensas e inestables tanto con sus padres como con las personas que le rodeaban. Tenía confusión importante sobre su identidad sexual, no sabía si era bisexualidad u homosexualidad, dudas en su elección de carrera y vocación.

Presentaba impulsividad al ingerir alcohol, robaba dinero a su madre y gastaba en exceso. Tuvo tres intentos suicidas y mostraba cambios frecuentes y fuera de contexto en el estado de ánimo. A. experimentaba sentimientos crónicos de vacío desde pequeña e ira intensa e inapropiada con conductas destructivas hacia su madre, ya que peleaban constantemente. Al momento de ser re-evaluada a un años de haber concluido un tratamiento de dos años, A. no presentaba más conductas autodestructivas. Refirió una mejoría en sus relaciones interpersonales y comentó que a pesar de que sus sentimientos seguía cambiando de un momento a otro, tenía relaciones más estables con sus amigos. Mencionó que ya no idealizaba o devaluaba a los demás. Con respecto a la alteración de la identidad, presentó una mejoría significativa, ya que tenía clara su identidad homosexual. Dejó de realizar intentos o amenazas suicidas.



Bibliografía

 

Asociación Psiquiátrica Americana (2013). "Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales" (5a Edición). Arlington, Editorial: American Psychiatric Publishing.

Bleichmar, M. N. & de Bleichmar Leiberman, C. (2011). "El Psicoanálisis de después de Freud". México, D.F.: Paidós Mexicana.

López, M. E., Carbia, L., & Quintana, M. (2007). "Reporte de Seguimiento de trastorno en mujeres con Trastorno Límite de la Personalidad tratadas con Psicoterapia Focalizada en la Transferencia". Revista Electrónica de Psicología Iztacala, Vol. 10 No. 3, 138.

Rodriguez, O. (2013). "Cipra Psicoterapia Evolutiva Constructivista. Psicoterapia Evolutiva constructivista: revisión de un caso de trastorno límite de la personalidad. Recuperado de internet abril 29, 2016: https://www.trastornolimite.com/images/stories/pdf/CasoClinico-TLP01-RodrigoDiazOlguin.pdf

Compralos aquí:

El psicoanálisis después de Freud

Guía de bolsillo del DSM-5: DSM-5 Examen diagnóstico

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